viernes, marzo 06, 2009

La palabra

Foto secuestrada

No llegué como ella a ningún castillo en el equipaje de un diplomático francés. De hecho puedo decir sin equivocarme que nunca he terminado de llegar a  ninguna parte. Llegar es un verbo más complejo de lo que creéis. Significa algo más que bajar de un avión, mirar el reloj de agujas de una estación de tren, colgar un cuadro de Vettriano en la pared desnuda del salón o regalar por navidad un pingüino de origami. Sin embargo, nos une una palabra. Una palabra afilada y fría como un cuchillo. No es “desesperanza”, mucho más inocente y roma –las zetas y las erres suaves siempre otorgan un cálido e inerme sabor melancólico- ni “desilusión”, que se deshace como un azucarillo de eses y haches en la boca. La palabra es “decepción”. No importa. Ya nada importa. He aprendido a convivir con esa palabra, a sobrevivir a ella, y este fin de semana volveré como antaño a ponérmela entre los dientes y pasaré por la quilla a todo aquel que se atreva siquiera a tocarme el ala del sombrero. 

jueves, marzo 05, 2009

Alexander Supertramp



Alexander Supertramp.

"El viaje iba a ser una odisea en el pleno sentido de la palabra, un viaje épico que cambiaría toda su vida. Tal como él lo veía, se había pasado cuatro años preparándose para llevar a cabo una obligación absurda y onerosa: graduarse. Por fin se había liberado de las ataduras, emancipado del mundo opresivo formado por sus padres y los que eran iguales que ellos, un mundo hecho de abstracciones, seguridad y bienestar material, un mundo en el que sentía como una dolorosa amputación la ausencia del latir puro y salvaje de la existencia.

Al escapar de Atlanta, y dirigirse hacia el oeste, pretendía inventarse una vida radicalmente nueva, una vida en la que sería libre y podría sumirse en una experiencia desprovista de filtros. Para simbolizar la completa ruptura con su vida anterior, llegó incluso a adoptar una nueva identidad. Ya no respondería al nombre de Chris McCandless, sino que iba a ser Alexander Supertramp, dueño de su propio destino."

(Jon Krakauer. Hacia rutas salvajes)

Autoficción II


James Joyce
"Estaba solo, despreocupado, feliz, cerca del corazón salvaje de la vida. Estaba solo con su juventud, terquedad y valor, solo en medio de la inmensidad de aire libre y agua amarga, de una cosecha marina de algas y conchas, de la luz velada y gris del sol."
(James Joyce. Ulysses)

Autoficción I

Jack London.

"La poderosa bestia primitiva se hacía fuerte en el interior de Buck y, bajo las terribles condiciones de vida de la traílla del trineo, no dejaba de crecer. Pero crecía en secreto, pues su recién adquirida astucia le proporcionaba equilibrio y control de sí mismo."

(Jack London, La llamada de la selva).

domingo, marzo 01, 2009

Ulysses


Foto de Sutpen

Era Madrid. La noche en que ella sobrevivió a Bacon y yo a los cuatro largos meses de espera en Isla Elefante. O al menos eso quisimos creer. Que estábamos vivos. Que vivíamos, por fin. Fue probablemente también esa fe inmensa la que transformó la carne en sensualidad, la violencia en ternura y el hielo antártico en agua dulce dentro de un vaso de ginebra. Me sentía tan feliz que cuando las dos únicas estrellas visibles del cielo de Madrid se alejaron en aquel taxi de madrugada, desoí sus indicaciones para llegar al hotel y decidí dar un paseo escogiendo calles al azar.

Y fue ese mismo azar quien me llevó a Dublín.

Un joven borracho me pasó un brazo por encima del hombro y me cantó bajito, casi en un susurro, junto al oído “you’ll never walk alone”. Fue sólo el comienzo. Ya nadie, ni tú ni yo, hubiéramos podido contener el Universo. Se desplomaba.

Enjoy a bath now: clean trough of water, cool enamel, the gentle tepid stream. This is my body.

He foresaw his pale body reclined in it at full, naked, in a womb of warmth, oiled by scented melting soap, softly laved. He saw his trunk and limbs riprippled over and sustained, buoyed lightly upward, lemonyellow: his navel, bud of flesh: and saw the dark tangled curls of his bush floating, floating hair of the stream around the limp father of thousands, a languid floating flower.”

(Capítulo 5. “Los comedores de loto”)

Una puta pálida me ofrece pasar un buen rato. Ya no tengo dudas, se llama Bella Cohen y camino por el viejo Monto. Sin detenerme le respondo con una sonrisa. Me devuelve otra sonrisa, infinitamente más triste, y me desea buena suerte. Hay sonrisas que sólo una puta puede entender.

“She is drowning. Agenbite. Save her. Agenbite. All against us. She will drown me with her, eyes and hair. Lank coils of seaweed hair around me, my heart, my soul. Salt green death.

We.

Agenbite of inwit. Inwit's agenbite.

Misery! Misery!”

“Secrets, silent, stony sit in the dark palaces of both our hearts: secrets weary of their tyranny: tyrants willing to be dethroned.”

(Capítulo 2. “Nestor”)

Miro el escaparate de la librería al pasar. Siempre lo hago. Él lo sabe. Y cae sobre mi. Sobre nosotros. Cae con el estrépito de seis años. Ya apenas puedo contener las lágrimas que me queman la garganta.


EL VIAJE DEL

ELEFANTE

José Saramago

Siempre acabamos

Llegando a donde

nos esperan.

“He opened the letter within the newspaper.

A flower. I think it's a. A yellow flower with flattened petals. Not annoyed then? What does she say?

Dear Henry,”

(Capítulo 5. "Los comedores de loto")