sábado, enero 22, 2011

The Drifter (Bosquejo I)


Hay un hombre caminando por el arcén de tierra de una carretera secundaria de asfalto oscuro y despintadas líneas amarillas. El hombre, alto, delgado, viste una chaqueta ligera, abierta, de color marrón, una camisa blanca, pantalones grises, zapatillas deportivas. Entorna los párpados bajo el antifaz de sombra que proyecta el fedora plomizo que cubre su cabeza. Lleva una bolsa de lona azul marino colgada del hombro. La primavera se despereza lentamente tras el amanecer. Una miríada de pequeñas flores amarillas salpica la vasta planicie que aquella carretera, como una cicatriz reciente, hendirá durante miles de kilómetros hasta alcanzar un océano índigo de aguas tranquilas, barcos de colores vivos amarrados en el puerto y gaviotas en el cielo. El hombre tardará semanas, meses quizá si la suerte le es esquiva, en llegar hasta allí. Lleva caminando varias horas. Aún era noche cerrada cuando abandonó la cama que compartía con aquella mujer, metió algo de ropa, dinero y comida en su vieja bolsa de militar, salió a la calle y aspiró con fuerza, como si acabara de nacer, como si esa hubiera sido la primera vez que insuflaba aire a sus pulmones, la dulce fragancia de los tilos que pasean como putas hermosas sobre las aceras de la ciudad a medianoche.

lunes, diciembre 27, 2010

Aire



Hay momentos en los que vuelvo a abrir este libro y leo al azar uno de sus párrafos y me siento como si emergiera hasta la superficie y llenara mis pulmones con una gran bocanada de aire fresco.

“La gente de la ciudad, los atardeceres de buen tiempo, se pasea por el pontón. Se ven pálidos aldeanos de rostros grandes e inexpresivos. Se ven gentlemen curiosos y educados. Se ven familias de indios bien morenas y compactas y alborotadoras. Y se ven negros zulúes solitarios, acomplejados y temerosos. Todo el mundo viene a mirar los barcos, a soñar, a impregnarse de vibraciones de aventura, a imaginarse lo que puede ser una vida en libertad.”

Julio Villar. ¡Eh, petrel! Cuaderno de un navegante solitario.

domingo, diciembre 26, 2010

V

(Foto de Ansel Adams)



"La victoria más dura es la victoria sobre uno mismo."

(Aristóteles)

martes, abril 06, 2010

El hombre Jack


Observa cuidadosamente su rostro, apréndete sus facciones detalle a detalle. Fíjate en sus manos, en la delicada forma con la que empuña su afilado cuchillo. Guarda en un lugar seguro de tu memoria la textura oleosa, la cantidad exacta de oscuridad de su sombra. Pues tus recuerdos son lo único que podrá salvaros.

Sólo me resta desearos suerte. Mucha suerte. La vais a necesitar.

Send



Los guardo íntegros y reenviados en una cuenta de correo que nadie, salvo yo, conoce, bajo una contraseña diferente letra a letra, número a número de cualquiera de las habituales. Los originales, escritos desde mis servidores de correo de uso cotidiano, fueron convenientemente arrojados al rogo de un código fuente en blanco. Incluso ya he designado a quien ha de hacerlo. Tenía que ser alguien frío, incapaz de leer, incapaz de sentir emociones. Y lo más importante: que me sobreviviera. Será él quien envíe cada uno de ellos una vez que yo haya muerto. Entonces, de alguna extraña forma, comenzaré a vivir muchas de esas vidas que en un momento dado decidí no vivir. Ellos constituyen mi ridículo pasaporte a la eternidad.