jueves, abril 27, 2006

Alguien.

En días como el de hoy necesitaría a alguien capaz de sostenerme la mirada sin que le temblaran los labios. A un hipócrita valiente con escasos escrúpulos. A un sordo, un extranjero, un idiota indiferente y ajeno como una estatua de mármol a mis insidiosas palabras de sirena varada. Alguien que me arrastrara hasta un sótano oscuro, a una celda húmeda de barrotes gruesos y fríos y me encerrara como una bestia. Alguien que no viera en mí atisbo alguno de humanidad. Para quien fuera menos que un perro, que una rata, que un insecto. Alguien que alargara mis ayunos a voluntad, que me visitara de madrugada para patearme con precisión de cirujano los riñones y convocara muchedumbres frente a mi celda cada día a la misma hora para escupirme e insultarme.
Alguien con la piedad suficiente para abandonarme después sobre un barco pequeño en un extenso océano sin orillas.

viernes, abril 07, 2006

Y te vas...

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La cabeza rapada, una mochila azul con siete camisetas de siete colores diferentes, calzoncillos y calcetines, unos vaqueros, un polar, jabón y pasta de dientes. Caramelos para mis niños del desierto. Y conversaciones que uno nunca debería tener a medianoche…

Ila'l iqá...

miércoles, marzo 22, 2006

Doctor...

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Sí, sí, ya sé que a mi regreso del océano esperaban otro tipo de mensaje… y créanme que lo siento pero hay prioridades y prioridades. Vamos a ver, vamos a ver, no nos pongamos nerviosos. Un poco de calma, respira hondo, Sutpen, respira hondo… … ¿Pueden creer… (imaginar incluso) que no acabo de volver y me encuentro con que el Dr. House ha aceptado la dimisión de Cameron? ¡Mi Cameron! Y no, no eso no puede ser posible… me niego a admitir tal cosa. Me niego a admitir que no volveré a ver a mi amada Cameron. Para que luego haya quien me acuse de ser un maldito trozo de hielo incapaz de enamorarme mas que de libros, caballos y barcos… Joder, House, ¿no podías haber despedido al tibio doctorcito rubito de la melenita (nótense los diminutivos en tono despectivo)?

Aunque yo que conozco bien al Dr. House (queda terminantemente prohibido preguntar cómo ni por qué lo conozco ni en que restaurante hemos comido juntos) sé que le dolió –tanto o más que a mi- tener que aceptar su dimisión… Y sé que ella volverá. A pesar de que, conociendo como conozco al Dr. House, no podría en ningún caso asegurar que ambos acabarán juntos… No. Eso no. Porque lo conozco.

(Jodido martes aquel en el que tras comprobar como cada día que había un sol radiante sobre el mapa de Murcia se me ocurrió cambiar de canal en lugar de apagar la televisión como cada noche… Sí, Doctor… lo admito: soy Houseadicto.)

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jueves, febrero 23, 2006

Y una botella de ron.

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Todo lo que necesito son dos semanas de lunas amarillas, mi viejo sable, algunas cartas naúticas y otras tantas de corrientes, vientos y mareas. También una botella de ron. Para cuando el dolor del recuerdo sea más fuerte que la tormenta, más fuerte que el plomo candente y el frío acero.


Hasta pronto.




Que el cielo me perdone.

viernes, febrero 10, 2006

Vanidad

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"What is a ghost? Stephen said with tingling energy. One who has faded into impalpability through death, through absence, through change of manners". (Episode 9 - "Scylla And Charybdis". Ulysses. James Joyce).


No me gusta la tinta roja. Quizá porque aquella carta estaba escrita en rojo. Quizá porque, como explicaba en aquella carta, no era tinta lo que había utilizado para escribir. Quizá porque mientras miraba el cielo desplomarse tras aquella ventana garabateada con rotulador con párrafos del Ulises de Joyce, noté que mi vanidad y mi orgullo tenían el peso cierto y exacto de una pistola. Y mis manos, que apenas conseguían sostener aquella carta, estaban manchadas de sangre.

Y en días como el de hoy, después de sentirme inmensamente feliz tras dos esforzados años de duro trabajo, después de brindar por un sueño hecho papel con el mejor vino del mejor restaurante, con el mejor equipo, después de los abrazos y las felicitaciones, ya en casa, busco aquel recuerdo para avergonzarme. Quizá porque ya no me gustan las armas. Quizá para evitar tener que volver a mirarme con asco las manos.

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